Un viejo y pequeño reloj en una esquina,
unos ventanales ni mínimamente cristalinos…
Y sin embargo, al verla, tiene todo el aire enigmático de los antiguos rascacielos…
Un mismo edificio que provoca tan distintas emociones…
Al enfocar tu mirada como una cámara que intenta retratar una postal, sientes que todo a tu alrededor se transforma, estás de pronto en otro tiempo, los ruidos alrededor se convierten en bullicio, el viento roza tus mejillas y te limitas a sonreír…
Y ahora entiendes que al ver un edificio como ése, las perspectivas nacen solas… ni los segundos son horas ni las horas segundos, es solo el preciso momento para tomarse un respiro…
Cuando notas todo eso, la belleza de la torre fluye y nada más…